miércoles, 28 de noviembre de 2012

EL ACTO MEDIÚMNICO



Jose Herculano Pires

El acto mediúmnico  es el momento en que el espíritu comunicante  y el médium se funden en la unidad psicoafectiva de la comunicación. El espíritu se aproxima  al médium  y lo envuelve en sus vibraciones espirituales.  Esas  vibraciones  se irradian de su cuerpo espiritual alcanzando el cuerpo espiritual del médium.  A ese toque vibratorio, semejante al de un leve choque eléctrico, reacciona el periespiritu  del médium.   Se realiza la fusión fluídica. Hay una simultánea alteración en el psiquismo de ambos. Cada uno asimila un poco del otro. Una percepción visual de ese momento mueve al vidente  que tiene la ventura de captarla. Las irradiaciones periespirituales proyectan sobre el rostro  del médium la máscara  transparente del espíritu.  se comprende  entonces el sentido profundo de la palabra intermúndio . allí, están fundidos y al mismo tiempo distintos, el semblante rediante del espíritu  y el semblante humano del médium, iluminado  por la suave claridad de la realidad espiritual.  esa superposición  de planos da a los videntes la impresión de que el espíritu comunicante se incorpora en el médium. De ahí  la errónea denominación  de incorporación para las manifestaciones orales. Lo que se da no es una incorporación, más si una interpenetración psíquica, como la de la luz atravesando un cristal de una ventana. Ligados a los centros vitales de ambos, el Espíritu se manifiesta emocionado, reintegrándose  en las sensaciones de la vida terrena, sin sentir el peso  de la carne. El médium, por su vez, experimenta  la ligereza del espíritu, sin perder la conciencia de su naturaleza carnal, y habla al soplo del espíritu, como un intérprete que no se da al trabajo de la traducción.
El acto mediúmnico natural es ese momento de síntesis afectiva en que los dos planos de la vida revelan el secreto de la muerte: apenas un desvestir del pesado escafandro de la materia densa.
El acto mediúmnico normal es una segunda resurrección, que se verifica precisamente en el  cuerpo  espiritual que, según el Apóstol Pablo, es el cuerpo de la resurrección. El  espíritu vuelve a la carne, no a la que dejó en el túmulo, más  si a la que el médium le ofrece, en un gesto de amor,  la  oportunidad del retorno a los corazones que dejó  en el mundo. La belleza  del reencuentro de un hijo con la madre, que estrecha al médium en los brazos ansiosos y lo besa con toda efusión del anhelo maternal, compensa mucho  la impiedad de los que lo acusan de practicar brujerías. En los casos  de materialización, nada más bello que Lombroso con su madre materializada  a través  de la mediúmnidad  de Eusapia Paladino, en la sesión a que fuera llevado por el Profe. Chiaia, de Milao.  Eusapia era  una   campesina   analfabeta y mil veces calumniada.  Lombroso,  el fundador de la Antropología Criminal, se retrató en la revista Luz y Sombra de sus violentos artículos contra el Espiritismo,  y declaró conmovido: “Ningún gigante  del pensamiento y de la fuerza me podría hacer lo que me hizo esta pequeña mujer analfabeta: arrancar a mi madre  del túmulo y devolverla a mis  brazos!.  Federico Figner, introductor del fonógrafo en Brasil, llevo a su esposa desolada  a Belén del para, con la esperanza de un reencuentro con la niña Rachel, su hija, que habían perdido,lo que casi los llevó a la locura, a el y a la esposa. Procuraron a la médium Ana Prado, también mujer del campo, y en una sesión con ella la niña apareció materializada, estimulando a los padres a enfrentar el caso con serenidad, pues ella estaba viva, y hablaba y los besaba,  y,   se sentaba en su regazo, probando que no muriera. Figner, al  volver para Rio de Janeiro, se dedico de allí en adelante al espiritismo, con la llama de la fe encendida en su corazón y en el corazón de la esposa, más ahora una fe inavalable, sentad en la razón y en los hechos.
Cuando el acto  mediúmnico es perfecto y claro, iluminado por una mediúmnidad esclarecida y devotada al bien, no hay gigante -  como en el caso de Lombroso –que no se curve reverente ante el misterio de la vida inmortal. El médium se torna instrumento de la resurrección imposible, probando  a los hombres que la muerte no es más que un lapso en el intermúndio que separa a los vivos en la carne de los vivos en espíritu. Se comprende entonces el fenómeno de la Resurrección de Jesús, que no fue el acto divino de un Dios, más si el acto mediúmnico de un espíritu que dominaba, por el saber y la pureza,  los misterios de la inmortalidad.
Cuando el acto mediúmnico no tiene la pureza y la belleza de una comunicación amorosa, tiene el calor  de la solidaridad humana y es iluminado por la caridad cristiana. En una sesión común de socorro espiritual, los  médiums sentados alrededor de la  mesa, los adoctrinadores en la lista, espíritus sufridores y espíritus  ignorantes y vengativos, bajo el control de los orientadores espirituales, son aproximados a médiums que desean servirlos.  El cuadro es bien diferente  de los que mencionamos antes. No hay belleza ni serenidad en los espíritus comunicantes, ni resplandor o transparencia en sus caras.  Hay desespero, dolor,   expresiones de rebeldía o ímpetus de venganza.  Los médiums se sienten  inquietos, no raras veces temerosos. La aproximación de los comunicantes es incómoda, desagradable. Las vibraciones periespirituales son ásperas y sombrías el vidente se aturde con aquellas figuras pesadas y oscuras que transforman la fisonomía de los médiums.   Más, en la proporción en la que los adoctrinadores encarnados dan el socorro de sus vibraciones y de sus argumentos  fraternos a los necesitados, el cuadro se modifica con las  luces vacilantes que se encienden  en las mentes conturbadas.  Los guías espirituales  se manifiestan  en socorro de los adoctrinadores  y sus vibraciones calman las inquietudes que hay en el ambiente. El trabajo es penoso. Criaturas recalcitrantes  en el mal  se niegan a comprender la realidad negativa en la que se encuentran.  Espíritus vencidos por los dolores  de encarnaciones penosas se muestran  rebeldes. Los que tienen el corazón dolorido por injusticias y traiciones exigen venganza y hacen amenazas terribles. Más la palabra fraterna, cargada de bondad y amor, iluminada por las citaciones evangélicas,  van poco apoco suavizando las explosiones de odio. Algunas veces la autoridad el dirigente o de un espíritu elevado se hace sentir, para que los más rebeldes comprendan que están bajo un poder persuasivo, más enérgico. Una persona  que desconozca el problema dirá que se encuentra en una sala de hospicio, sin control  o asiste a un psicodrama de histéricos en desesperación. Psicólogos sistemáticos  reirán con desdén.  El dirigente de los trabajos parece un profano saltando con explosivos peligrosos. fanáticos de sectas dogmaticas juzgan asistir  a una cena de posesión diabólica. Un espíritu amigo se comunica con palabras de agradecimiento. En silencio, todos oyen  la oración final de gratitud a los espíritus bondadosos que  ayudaran a socorrer a las sombras sufridoras.   Es extraño que todos estén bien  y satisfechos con el resultado de los trabajos.las personas beneficiadas comentan sus mejoras. El ambiente es de paz, amor y satisfacción por el deber cumplido.
En una sesión de desobsesión para casos graves, con pocos elementos, sin la asistencia numerosa del socorro general, las comunicaciones son violentas  los médiums sufren, gimen, gritan y lloran. El dirigente  y los adoctrinadores permanecen tranquilos, aparentemente impasibles, y los adoctrinadores usan de palabras persuasivas, de actitudes benignas. Nada de amenazas y expresiones violentas,  como en las  prácticas anticuadas del exorcismo arcaico, viniendo de las profundidades de Egipto, de Mesopotamia, de  Palestina.  Nada de velas encendidas, de símbolos sacramentales, de expulsión de entidades diabólicas. La técnica es de persuasión, de esclarecimiento racional. Una niña de quince años llega cargada por los padres. Desde hace una semana  duerme en estado cataléptico. Los primeros intentos de despertarla se agitan y se levanta furiosa, con gritos. Cuatro o cinco hombres no consiguen contenerla, parece dotada de una fuerza indomable. Más poco a poco se calma, llora bajita y vuelve a su estado natural de niña graciosa y frágil. Se retira de la reunión como si nada demás hubiese acontecido. Se despide alegre. Corre para la calle  y toma el automóvil que trajo como si volviese de un paseo. El   acto mediúmnico fue violento, asustador. Más el resultado de la oración, de los pases, de la adoctrinaciones amorosas fue sorprendente. Pocos percibieron que, en aquel corpiño de niña las garras de la venganza estaban gravadas, intentando rasgar la cortina piadosa  que vela los odios del pasado.
En el acto mediúmnico la criatura humana recupera los tiempos olvidados y se revé en la pantalla de las experiencias muertas.  Y una vez más la muerte le aparece como pura ilusión sensorial, pues todo cuanto había desaparecido en un pozo renace de repente en las aguas amargas de la libertad condicional. La mediúmnidad  funciona  como un radar sensibilísimo volcado para los caminos perdidos. No siempre  la pantalla de la memoria consigue reproducir las imágenes distantes,  más en la profundidad del  inconsciente recalques  anti freudianos esperan la catarse piadosa de la comunicación absurda, en la que los diálogos de la caridad  parecen brotar de terribles malos entendidos. Una mujer no entendía porque el espíritu comunicante  la acusaba de atrocidades que jamás practicara y la llamaba de Condesa. Halló que todo aquello  no pasaba de una fuerza o de un momento de locura. Más cuando, aconsejada por el adoctrinador,  pidió perdón al espíritu atormentador  y lloró sin querer sin saber por qué motivo lo hacía, sintió profundo alivio y en los días siguientes  sus males desaparecieron. Las lágrimas de una criatura que la amnesia tornó inocente pueden conmover  un corazón embrutecido en el deseo de venganza. Más quien facilitará el   encuentro necesario para el ajuste de los viejos errores y crímenes, si el  médium no se ofrece en la inmolación voluntaria de sí mismo para apaciguar con la palabra del Maestro?
La responsabilidad espiritual del médium se refleja en el espejo  de cada uno de sus actos en la caridad mediúmnica. El mediunato no es una consagración ritual inventada por los hombres. Nace de las leyes naturales que rigen las conciencias en el fluir del tiempo, en el suceder de las  generaciones  y de las reencarnaciones.  Un acto mediúmnico es el cumplimiento de un deber asumido ante el Tribunal de Dios instalado en la conciencia de cada uno. Cuando el médium se esquiva a ese cumplimiento se engaña a si mismo, pensando engañar a Dios. su propia conciencia  se incumbirá de condenarlo cuando suene la hora del veredicto inapelable. Nada justifica la fuga  a la unión con el compromiso forjado a costa del sacrificio ajeno. Las leyes morales de la conciencia tienen la misma inflexibilidad de las leyes materiales de la Naturaleza. Nuestra conciencia de relación capta apenas la realidad inmediata en que nos encontramos. Más la conciencia profunda guarda el registro ineludible de  todos los compromisos asumidos en el pasado y de todas las deudas morales  que pensamos apagar en las aguas del Letes, el río del olvido de las viejas mitologías. El río Letes secó en las laderas áridas  del Olimpo, el cenáculo vació de los antiguos dioses.  Hoy solo tenemos  un Dios, que no precisa vigilarnos desde lo alto de un monte  ni dictarnos sus leyes para ser inscrititas en tablas de piedra. Esas leyes están gravadas  a  fuego en nuestra propia carne. Nuestros actos determinan  en el tiempo las situaciones  en las que nos encontraremos en cada existencia. y el mediunato es el pasaporte que Dios nos concede para la liberación del pasado a través de un solo acto, el más bello el más honroso de todos, que es el acto mediúmnico.
La responsabilidad mediúmnico no nos fue impuesta como  castigo. Nosotros mismos la asumimos con la esperanza de la redención, que no vendrá del Cielo, más si de la Tierra, de la manera por la cual hagamos nuestra travesía existencial en el planeta, en un mar de lágrimas  o por caminos floridos por las  obras de sacrificio y abnegación que supiéramos sembrar. Tenemos el futuro en nuestras manos, el futuro inmediato del día a día  y el futuro remoto que nos espera en las traslaciones de la Tierra en torno al Sol. Llegamos así a la conclusión inevitable de que el presente pasa deprisa, más el pasado repunta en cada esquina del presente y del futuro
Traducido al español por Mercedes Cruz Reyes.
Autoría de J. Herculano Pires de su libro: Mediúmnidad,  Vida y comunicación